En Mediateca: Giovanni Gabrieli y la música religiosa

A finales del siglo XVI, Venecia, uno de los principales centros para impresión de partituras, se convirtió también en el punto focal de la vanguardia musical. Vino así a suceder a Flandes, cuyos extraordinarios y admirados maestros de capilla habían copado durante varios siglos los principales puestos en las catedrales y las cortes.

No obstante, fue Adrien Willaert, un compositor nacido en la actual Bélgica, quien, aprovechando el peculiar diseño de la Basílica de San Marcos, comenzó a practicar lo que conocemos como música policoral. Situando en sus diversas naves y galerías múltiples grupos de voces e instrumentos, exploró y amplió las posibilidades de la tradicional salmodia gregoriana, en la que dos coros cantaban alternándose. Fue, sin embargo, Andrea Gabrieli, tal vez discípulo suyo, quien formó a su sobrino, Giovanni Gabrieli. Éste le sucedió al frente de Capilla Marciana, y se convirtió en una figura de referencia, cuyas enseñanzas buscaron alumnos de toda Europa.

El nuevo estilo, mucho más espectacular, acabó sustituyendo a la vieja polifonía, basada en las complejas normas el contrapunto. Aun cuando aumentó el número de voces que solían manejar los compositores, se simplificaron las texturas, ya que éstas no se desenvolvían con tanta independencia, sino que estaban agrupadas y a menudo no intervenían todas a la vez.

Lo anterior implicaba simpli
ficar en muchos pasajes la armonía, para obtener efectos novedosos y expresivos, y también conceder mucho protagonismo a los instrumentos, tanto de cuerda como de viento, que hasta entonces se habían usado para labores de refuerzo. De este modo, el esplendor y la magnificencia convivían con la sutileza y la intimidad, creando auténticos edificios sonoros, que todavía resultan en extremo espectaculares y atractivos.

En la fonoteca de la UN contamos con buenos registros de estas obras, debidos a conjuntos que se han especializado en abordarlas. Destaca sobre todos el que en su día creó el británico Paul McCreesh, y lleva el nombre del compositor: el Gabrieli Consort & Players. No tan reputada es la grabación de la Musicalische Compagney, un grupo de origen alemán encabezado por Holger Eichhorn.

 

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En Mediateca: 25/Adele

 

La cantante británica Adele, ha sido la gran triunfadora de la última edición de los Premios Grammy, recogiendo los cinco galardones para los que estaba nominada: mejor álbum del año por 25, mejor grabación del año y mejor canción por Hello, mejor actuación pop en solitario por Hello y mejor álbum vocal pop tradicional por 25. Durante la velada, la cantante emocionó a todos los asistentes con su interpretación de Hello y dedicó su premio a Beyoncé, de la cual se declaró fan y a la que consideró merecedora del premio al mejor álbum del año.

25 se compone de once  canciones compuestas todas ellas por Adele que para nada poseen el dramatismo de su disco anterior, 21. Han transcurrido cuatro años entre ambos discos y en ese tiempo la artista ha cambiado, ha sido madre y sus canciones aunque con cierta dosis de drama  son ahora más esperanzadoras. Una  primera audición del trabajo puede decepcionar a muchos de sus fans ante el que mantenían  grandes expectativas, sin embargo las sensaciones  mejoran enormemente al volver a escucharlo en una segunda o tercera ocasión…

Vamos a destacar algunas pistas del disco, como  la preciosa melodía de River Lea, un tema de  soul  genuino, compuesto junto a Brian Burton. En  las pistas ocho y diez, son reseñables dos baladas de piano y voz: Love in the dark  y Am I ask  que  permiten  que disfrutemos de la espectacular y elegante voz de la artista. Merece la pena escuchar  Million years ago, que ubicado en medio de las dos baladas, es un tema que emociona y convence desde la primera nota y desde  el primer momento  a diferencia de otros quizás más difíciles. Por último, la canción que inicia el disco es  Hello, una melodía repleta de nostalgia comercializada además  como single y que ha resultado merecedora de numerosos galardones. Las más de veinte millones de copias vendidas a nivel mundial  dan constancia del éxito y la popularidad obtenida por este tercer disco de estudio de Adele.

 

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En Mediateca: Granada / Silvia Pérez Cruz, Raül Fernandez Miró

Silvia Pérez Cruz y Raül Fernández Miró. Dos artistas cuyas trayectorias siempre se han entrelazado y que ahora comparten plano en un disco diferente a todo lo habido y por haber. Otorgan al término recrear su original significado: el de abordar obras ajenas y, sin desvirtuarlas, transformarlas en algo nuevo. Clásicos atemporales grabados, casi todos, en un estudio donde no había nadie más que ellos. Sin ornamentos ni apenas más instrumentación que voz y guitarra; acústica o eléctrica… Madera y hierro candente. Susurro y grito. Brisa y temporal.

De los albores de la creación a la antesala del fin del mundo. Capaces de transmitirnos la verdad más absoluta y, al mismo tiempo, hacernos sentir como si todo hubiera sido  un sueño del que empezáramos a desperezar.

Silvia y Raül han bebido indistintamente de la música popular y de la culta, sin que tan bien aprendidas lecciones hayan frenado nunca su intuitiva naturaleza.

Un disco de versiones, sí. De cualquier época, estilo o lugar, aunque todas con un denominador común: en la voz y las manos de Sílvia y Raül suenan a confesión descarnada, a vivencia o ensoñación propia. Como si acabaran de escribirse. O mejor aún: como si estuvieran cobrando fama en ese preciso instante.  (Reseña editorial /Luis Troquel).

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En Mediateca: Lucia di Lammermoor

 

Un importante eslabón de la gloriosa tradición lírica italiana es la ópera romántica que, a principios del siglo XIX, sirvió de transición entre Rossini y Verdi. De hecho, el primero contribuyó decisivamente a su creación y el segundo la transformó en algo muy diferente.

En realidad, sólo dos compositores, fallecidos a muy temprana de edad –Vincenzo Bellini y Gaetano Donizetti– fueron sus auténticos representantes, durante las primeras décadas del siglo XIX. A diferencia del primero, el segundo, nacido en Bérgamo, fue prolífico y además triunfó tanto en el género bufo como en el serio.

Una de sus partituras más conocidas es Lucia de Lamermoor, prototipo de drama lírico romántico, tanto por su libreto como por su música. La protagonista es una joven noble –Lucia– a quien su hermano –Enrico– obliga a casarse por interés con Arturo. Sin embargo, ella ama a Edgardo, a quien aquél arrebató el castillo del que ahora es señor.

Durante la boda, tras la llegada de su enamorado, la novia delira y luego asesina a su esposo. Asistimos entonces a una de las secuencias más famosas y originales de la historia de la ópera, que incluye un formidable sexteto y la espectacular escena de la locura. En el cuadro final, Edgardo, presa de la confusión, se quita la vida con un puñal, justo antes de que le comuniquen el trágico desenlace de los esponsales.

Más que en la historia, bastante convencional, el interés de la obra radica en la belleza y la dificultad vocal de la partitura. Hallamos en ella una eficaz y delicada orquestación y sobre todo una sucesión de hermosas arias, con sus respectivas secciones rápidas –cabalette–, concebidas para cantantes con depurada técnica.

A finales del siglo XIX empezó a decaer este estilo de interpretación –el belcanto– del que nuestro Julian Gayarre había sido un eximio representante. Resurgiría tras la Segunda Guerra Mundial, en buena medida gracias al talento y la dedicación de la gran María Callas y, posteriormente, de otro español: Alfredo Kraus.

En la fonoteca de la UN contamos con uno de los múltiples testimonios que nos quedan de la prodigiosa encarnación que la soprano greco-americana hacía de este singular papel. Dos colegas italianos que le dan réplica: Giuseppe di Stefano y Tito Gobbi. Éste último tiene serias dificultades con los agudos y ninguno de los dos sigue el estilo belcantista, pero ambos actúan con entrega, expresividad y eficacia, guiados por la experta batuta de Tulio Serafin.

Muy distinta es la célebre grabación en estudio cuyos principales artífices fueron australianos: Joan Sutherland –una gran especialista en la parte–, dirigida con acierto por su marido, Richard Bonynge. Los secundan un joven Luciano Pavarotti, en plenitud de facultades, y el opulento barítono americano Sherrill Milnes, quienes pueden con sus papeles, pero descuidan la línea de canto.

La partitura está completa, el sonido es excelente y la protagonista hace toda una exhibición de técnica. Sin embargo, su voz había perdido brillo, la dicción es confusa y, por encima de todo, se echa en falta el vigor y la emoción que insuflaba al papel la Callas.

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En Mediateca: Más / Alejandro Sanz

Es uno de los artistas latinos más reconocidos a nivel internacional, compositor y autor de todas sus canciones, ha vendido más de veintidós millones de discos. Es también el cantante español que más Grammy ha recibido, quince latinos y tres americanos. Su discografía se compone de quince álbumes, once de ellos de estudio. Todos han obtenido la categoría de Disco de Platino en España, Latinoamérica y Estados Unidos.

Alejandro Sanz nace en Madrid el 18 de abril de 1968. Sus padres, gaditanos, son los responsables de ese acento andaluz tan característico del artista. Ya desde muy niño comenzó su pasión por la música, un interés  transmitido por su padre, que había sido músico profesional. Comenzó su carrera artística en los noventa grabando tres trabajos: Viviendo deprisa,  Si tu me miras y Alejandro Sanz Básico, pero fue su cuarto álbum Más el que le catapultó al éxito internacional.

Más se grabó en Milán en 1997. Le supuso tres años de dedicación durante los cuales profundizó en sus conocimientos musicales, estudió piano y compuso más de treinta canciones de las que al final eligió diez. Este disco  incluye temas inolvidables:   Y ¿si fuera ella? Corazón partío o Amiga mía… son canciones que ya forman parte de la historia de la música española de los últimos años.

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En Mediateca: Boccherini, quintetos para cuerda

Aunque eclipsado hasta hace poco por la genialidad de Haydn y Mozart, uno de los grandes compositores del clasicismo fue Luigi Boccherini. Nacido en Lucca, pasó, sin embargo, la mayor parte de su vida en la órbita de la corte española, al servicio del infante Luis Antonio de Borbón, hermano del rey Carlos III.

Allí llevo durante décadas una plácida y laboriosa existencia, interrumpida por la muerte de su mecenas, que le obligó a buscar, sin demasiado éxito, nuevas fuentes de ingresos. En 1805, tras unos años marcados por las desgracias familiares y el declive de su fama, dejó este mundo en una casa el castizo barrio de Lavapiés.

Don Luis, como se le conocía en Madrid, era un músico profundamente italiano, que buscaba ante todo la elegancia, la expresividad y la elocuencia melódica. No es extraño, por ello, que gozase en su tiempo de gran popularidad, en particular en el terreno camerístico. Sus numerosísimas obras, que a veces incorporaban toques de acusado sabor español, se imprimieron sobre todo en París y circularon por toda Europa.

Fue el creador del quinteto de cuerda, forma que cultivó con singular habilidad y versatilidad. Compuso decenas de ellos –en ocasiones adaptando otras piezas–, en los que añade al cuarteto clásico, una viola, un violoncelo o, más raramente, un contrabajo.

Olvidadas en su mayor parte por espacio de casi dos siglos, por fortuna estas partituras se han recuperado durante los últimos años. No son revolucionarias, pero resultan inconfundibles y están dotadas de un encanto muy singular. El buen gusto y la despreocupación conviven en ellas con una discreta y muy atractiva melancolía.

En la fonoteca de la UN contamos con los recientes e idiomáticos registros de estos pentagramas que protagoniza el conjunto La Magnifica Comunità, integrado por compatriotas de su autor. La estupenda violinista suiza Chiara Banchini, con su magnífico Ensemble 415, también se interesó hace años por ellas. Al igual que Jordi Savall, posteriormente, quien, al frente de Le Concert des Nations, ha grabado sólo los dos quintetos más famosos: el del ‘Fandango’ y el apodado La musica notturna delle strade di Madrid.

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En Mediateca: A kind of magic / Queen

Recomendamos esta semana un disco de Queen, famosa banda británica de rock,  formada en 1970 en Londres por el cantante Freddy Mercury, el guitarrista Brian May, el bajista John Deacon y el baterista Robert Taylor. Aunque (Brian May y Roger Taylor) siguen tocando y usando el nombre de Queen, se considera que la banda terminó a raíz de la muerte de su cantante Freddy Mercury y el posterior abandono del grupo de John Deacon en 1997.

A kind of magic se editó en 1986 con gran éxito de público. En Inglaterra alcanzó el número uno y se mantuvo en las listas durante 63 semanas. La mayoría de las canciones fueron escritas para la película Los inmortales, sin embargo en lugar de editar la banda sonora, Queen decidió añadir algunas canciones más y lanzarlo como un disco propio.

El álbum es notable, a pesar de llevar algún tema más flojo, como es habitual en los trabajos de la banda durante los años ochenta. Son nueve pistas, entre las que se incluyen canciones con ritmo como A kind of magic o Princes of the universo; baladas inolvidables como One year of love o Who wants to live forever y verdaderos himnos para el recuerdo como Friends will be Friends reconocido universalmente como un himno a la amistad.

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