En Mediateca: Beethoven, Sonatas para piano

Se suele decir que, por su amplitud, profundidad y calidad, el corpus clavecinístico bachiano sería un “antiguo testamento”, sólo equiparable a la extensa colección de obras compuestas por Beethoven para el piano, que constituirían una especie de “nuevo testamento”. Aunque la metáfora religiosa sea excesiva, no cabe duda de que se trata dos logros colosales.

El prodigioso talento del genio de Bonn se manifestó con suma precocidad e intensidad a través del teclado, de manera que, dentro de su extensa colección de sonatas y variaciones, hallamos numerosas obras maestras. Además, este legado, junto con el mozartiano, resultó decisivo para asegurar el reinado de un instrumento que había sido inventado a principios del siglo XVIII.

Como en tantos otros terrenos, en éste el compositor se mostró a la vez clásico y revolucionario. En bastantes ocasiones sus sonatas tienen tres movimientos, como era habitual en su época, pero las hay también en cuatro, según un esquema hasta entonces reservado a las sinfonías. Sin embargo, en las más radicales aplica una libertad formal que sirvió de guía a los románticos.

Aunque tampoco escasean, no abundan en ellas las hermosas melodías, sino que destaca sobremanera un poderoso y extraordinario rigor constructivo. No menos llamativa es la densidad, el calado y la nobleza de las ideas musicales, expuestas a veces con un enorme grado de tensión, en otras con un lirismo prerromántico.

Son muy célebres y accesibles algunas de las sonatas con título –Patética, Claro de Luna, Los Adioses y Appassionata–, aunque en modo alguno les van a la zaga otras: Pastorale, Waldstein y Tempestad. Las tres últimas –números 30, 31 y 32– forman una trilogía portentosa, no menos original e imponente que el inmenso fresco sonoro –¡más de cuarenta y cinco minutos de música!– de la Hammerklavier. Otras –la 4, la 11, la 12, la 13 o la 27–, menos conocidas, figuran igualmente entre lo más granado de la literatura pianística.

Son innumerables registros de esta piedra angular de la historia de la música y en la fonoteca de la UN contamos con integrales, protagonizadas por compatriotas del compositores: la magnífica de Wilhelm Kempf –gran autoridad en la materia– y la muy interesante de Friedrich Gulda. También son valiosas las interpretaciones de algunas sonatas debidas al italiano Maurizio Pollini, o las grabaciones históricas del ruso Sviatoslav Richter, el austríaco Arthur Schnabel, o el británico Solomon Curtner, a pesar de la menor calidad de la toma sonora.

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