Heinrich Schütz: Conciertos sacros y motetes

A este compositor germano, nacido en Turingia, pero que pasó la mayor parte de su vida en la corte Dresde (Sajonia), le cabe el merecido honor de ser tenido por el “padre de la música alemana”. Tuvo un papel decisivo en la difusión del suntuoso estilo policoral veneciano en su país, lo que resultó esencial para la implantación del naciente estilo barroco en el norte de Europa.

Aun cuando durante sus viajes a Italia tuvo la posibilidad de familiarizarse con las obras de Giovanni Gabrieli y Claudio Monteverdi, evolucionó con rapidez y supo imprimir un sello absolutamente personal a la mayor parte de su producción. Así, aunque buena parte de ella está integrada por ‘conciertos sacros’, un género musical de origen transalpino, puede decirse que lo llevó a su cima, tanto en lo relativo a la complejidad como a la calidad.

Este tipo de partituras servían para realzar la liturgia y excitar la piedad de los fieles. Dado que en ellas intervenían tanto los cantantes como los instrumentistas, que tejían a veces un complejo entramado, era fundamental que los textos fuesen familiares, para facilitar su comprensión. No menos importante era que las notas musicales sirviesen dotar de fuerza emotiva a los citados textos, algo en lo que Schütz fue un auténtico maestro.

Henricus Sagittarius, tal y como acostumbraba a firmar nuestro autor, traduciendo su nombre al latín, poseía una increíble técnica y una fecunda inventiva, que están en la base de su extraordinaria versatilidad. Por supuesto, era capaz de construir piezas más bien breves, recurriendo a pocos interpretes, según los usos italianos. Sin embargo, a menudo, sus creaciones son más extensas y complejas, puesto que constan de varias secciones y tienen una densa estructura polifónica, dentro de la que las voces se mueven con una sorprendente libertad y naturalidad.

Quien desee explorar este rico y abundante legado, tan elocuente como profundo, tiene a su disposición en la fonoteca de la UN los registros de diversos grupos que, durante las últimas décadas, han devuelto su esplendor este repertorio. Hay en ellos auténticas joyas, procedentes de las numerosas recopilaciones –Cantiones sacrae, Symphoniae sacrae, Psalmen Davids, Geistliche Chormusik, Kleine geistliche Konzerte, Opus ultimum– que nuestro artista dio a la imprenta durante sus casi noventa años de vida.

Schutz

 

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