En Mediateca: Sergei Prokofiev, Ballets

Entre los músicos más originales y prolíficos del pasado siglo, se cuenta este artista ruso, cuya vida fue más bien breve, aunque compleja. Comenzó estrenando en Occidente piezas de vanguardia, pero acabó sometido a los férreos y temibles dictados del estalinismo, una vez regresó a su país natal.

No obstante, antes de caer en desgracia, pudo obtener importantes éxitos en la URSS, con obras que también tuvieron gran eco internacional, y hoy han pasado a formar parte sustantiva del repertorio. Tal vez, las más destacadas y conocidas sean dos ballets: Romeo y Julieta, basado en la tragedia homónima de Shakespeare, y Cinderella, es decir, ‘cenicienta’.

A pesar de lo dispar de sus libretos, ambas partituras tienen mucho en común. Prokofiev desplegó en ellas todo su talento y capacidad de seducción, por lo que no es extraño que, aún a pesar de las audacias de todo tipo que contienen, sigan siendo muy populares, e interpretadas a menudo en los conciertos o representadas en los teatros.

El portentoso sentido del ritmo, la brillantez de la instrumentación, la originalidad de la armonía y la emotiva inspiración melódica, constituyen las señas de identidad de estos pentagramas, en los que los episodios líricos conviven con otros francamente ásperos.

El acusado contraste entre elementos tan dispares genera un poderoso magnetismo, que atrapa a cualquier oyente medianamente sensible. Además, apenas se hacen concesiones a la galería, y al rigor se suma el atractivo. Quien tenga dificultades para acceder a la música del siglo XX y quiera iniciarse en ella, haría bien en explorar este territorio.

En la fonoteca de la UN contamos con una magnífica y célebre interpretación de Romeo y Julieta. La registró el cosmopolita Lorin Maazel, nacido en Francia en el seno de una familia judía rusa llegada de los EE.UU., junto con la estupenda Orquesta de Cleveland. El rumano Sergiu Celibidache, uno de los directores más geniales y polémicos de la historia, nos ofrece también su visión de las suites extraídas del citado ballet, con una sólida formación alemana: la Sinfónica de la Radio de Stuttgart.

En el caso de Cinderella, tenemos una notable versión debida a compatriotas del compositor: Mihail Pletnev y la Orquesta Nacional Rusa por él creada, sin ninguna colaboración del Estado, a pesar de su nombre, algo en verdad insólito.

cinderella

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