En Mediateca: Jules Massenet, Werther

El nombre de este compositor galo no es especialmente familiar para los amantes de la música que frecuentan el género lírico, al cual se dedicó con notable éxito. Si embargo, su producción supera en número, y puede que en calidad, a la Gounod, un autor mucho más popular, de quien fue primero competidor y luego sucesor en los escenarios parisinos.

Son varias las obras a él debidas que, o bien forman parte del repertorio, o todavía se representan con cierta regularidad en los principales teatros de opera. Con todo, ninguna de ellas goza de tanto favor como ésta, basada en la célebre y un tanto lacrimógena novela de Goethe.

Su trama, bien conocida, es muy sencilla. Narra los sufrimientos de un joven poeta, que acabará suicidándose ante la indiferencia de la mujer a la que ama, Charlotte, en la adaptación realizada por los libretistas. La acción es simple y lo esencial es la expresión de los sentimientos por parte de los protagonistas.

El tema se adaptaba a la perfección al talento y al estilo de Massenet, quien sabía muy bien como suscitar emociones a través de la música, sin caer en los excesos y el mal gusto. Todas las virtudes del arte francés, que prefiere sugerir en lugar de mostrar abiertamente, y tamizar los afectos antes que darles rienda suelta, están presentes en la partitura. A pesar de ello, desprende un halo romántico que nos arrastra y conmueve.

Los dos enamorados llevan el peso de la partitura, y han de poseer refinamiento canoro, pero también mostrar pasión contenida, además de dominar el arte de la caracterización, para hacer creíbles sus personajes. A esos desafíos, se suma la dificultad de la lengua francesa, cuya fonética y prosodia no son nada fáciles de conjugar con la emisión canónica de la voz. Por eso, han sido pocos los intérpretes nacidos fuera del país vecino capaces de destacar en este cometido.

Entre ellos, sin duda, se hallan los que aparecen en el registro con que contamos en la fonoteca de la UN. Nuestra gran Victoria de los Ángeles, con la voz algo gastada ya, pero también una soberbia dicción, se las arregla para no perder la compostura en las partes más dramáticas. Por su parte, Nicolai Gedda, un ilustre y longevo tenor sueco de origen ruso, que era capaz de cantar a la perfección en múltiples idiomas, da toda una lección de técnica y buen gusto, si bien su timbre deja algo que desear. Un excelente equipo de comprimarios franceses y la acertada dirección de Georges Prêtre, completan una notable grabación.

massenet portada

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