En Mediateca: Joyas de la zarzuela

Aunque la ópera llegó bastante pronto a España, la escasa infraestructura cultural, una vez desmanteladas las capillas palaciegas, y la poderosa influencia del estilo italiano impidieron que se desarrollase en plenitud. Surgió, sin embargo, un género de menor empaque, en cierto modo equiparable a la opereta francesa, vienesa y alemana.

Se trata, por supuesto, de la zarzuela, en la que preludios, danzas y romanzas se insertan dentro de una representación teatral. Además, las exigencias, tanto para las voces orquesta como para los instrumentistas, tienden a reducirse en el aspecto técnico, no así en el expresivo.

Desde finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX, los principales autores españoles probaron suerte como ‘zarzueleros’, pues ése era el camino más sencillo para tener éxito y dedicarse por completo a la composición.

Se constituyó así un amplísimo repertorio, no siempre de calidad, pero también con numerosos títulos en los que se combinan grandes aciertos con páginas poco afortunadas. Hay, no obstante, algunas obras maestras absolutas.

Dentro del ‘género chico’, es decir, la zarzuela en un acto, destaca sobremanera una inolvidable trilogía: La Revoltosa, de Ruperto Chapí, La verbena de la Paloma, de Tomás Bretón, y La Gran Vía, de Federico Chueca.

En ella, quedan reflejados a la perfección el carácter de los madrileños de aquella época y el ambiente de la ciudad. Cuando uno se desprende de los falsos prejuicios, resulta imposible no sucumbir ante el donaire y la humanidad de los personajes que se retratan en ellas. También ante unas melodías que ilustran admirablemente, tanto sus preocupaciones como sus alegrías.

Durante décadas, éstas y otras partituras gozaron de enorme popularidad. Las estrellas operísticas, nacidas en España, en Hispano-América, e incluso en otros lugares, las incluían a menudo en sus conciertos y, con la llegada del gramófono, las grabaron, convirtiéndose así en ‘superventas’ a un lado y otro del Atlántico.

En contra de lo que pueda pensarse, no resulta nada fácil interpretar con elegancia y gracia esta obras supuestamente sencillas. Sin embargo, el gran Ataulfo Argenta, antes de su trágica y prematura desaparición, escoltado por un estupendo elenco de cantantes, muy familiarizados con el modo tradicional de abordarlas, nos legó unos registros modélicos, que no parece vayan a superarse en mucho tiempo.

verbena

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